Clara Sepúlveda tiene 11 años, quiere ser periodista y cursa el sexto grado de una escuela de Cinco Saltos, una ciudad de 17.000 habitantes ubicada en el límite Oeste de Río Negro. Desde que vio El baile de la Victoria, película basada en la novela homónima del chileno Antonio Skármeta, su sueño fue conocer a su protagonista, Ricardo Darín.

En octubre de 2011, una maestra de su escuela se enteró que la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (Adepa) había organizado un concurso dirigido a alumnos de primaria que les permitiría a los ganadores entrevistar a sus ídolos a partir de las notas que habían leído en los diarios. Clara se entusiasmó y encontró en Río Negro, el principal medio de su provincia, que Darín estaba filmando una película con Pablo Trapero. Ese fue el punto de partida para abordar al personaje y elaborar un cuestionario. Quería saber cuál era su relación con la fama, qué hubiera sido de su vida si la actuación no se cruzaba en su camino, qué película le había dejado una enseñanza, en qué proyecto estaba embarcado. El cuestionario de Clara fue seleccionado entre los formulados por casi un millar de chicos de todo el país y el miércoles de esta semana su autora viajó a Buenos Aires, ciudad que no conocía, para transmitírselo en persona al protagonista de El secreto de sus ojos.

Darín la recibió en un set de filmación montado en la confitería Modena, frente a la Facultad de Derecho de la UBA, donde transcurre buena parte de Tesis sobre un homicidio, película dirigida por Hernán Goldfrid y basada en una novela de Diego Paszkowski. La aspirante a periodista enfrentaba en su primera entrevista al actor más destacado de la Argentina. Se sentó frente a Darín con un grabador en el medio de una mesa y empezó a interrogarlo con rigor profesional. Después de responder a la última pregunta de Clara, el actor le preguntó "¿Querés saber algo más?" Y ese fue el detonante para que fluyeran las lágrimas de emoción que habían estado contenidas durante casi media hora. Darín le agarró una de sus manos, mientras el fotógrafo capturaba la escena, y le dijo: "Por favor no llorés porque me vas a hacer llorar a mí".

- De no haber sido actor, ¿qué tu hubiera gustado ser?

- Me hubiera gustado ser veterinario. Cuando era chico quería ser veterinario. Como a todos los chicos, me gustaban los bichos, los perros, los gatos, los caballos. Pero todo eso de la cirugía, de tener que cortar a un animal me daba un poco de 'cosa', de escalofríos.

- ¿Cómo te imaginás sin tu fama?

- Como un hombre tranquilo, relajado, que puede ir caminando por la calle como todo el mundo. La gente cree que ser famoso es lindo. No es que sea malo, pero es medio raro que todo el mundo sepa quién sos, cómo te llamás, cómo se llama tu familia, quién es tu novia o tu esposa, dónde vivís, y que vos no sepas nada de los demás. Es medio raro, aunque ahora ya estoy acostumbrado y trato de tomármelo con naturalidad. La mayoría de la gente cree que ser famoso es sinónimo de felicidad o algo muy parecido a ser feliz. Y no tiene nada que ver una cosa con la otra. Lo realmente importante en la vida es tratar de ser feliz.

- ¿Qué personaje de los que interpretaste en los últimos años te ha divertido más?

- Me divirtió mucho hacer Un cuento chino (dirigida por Sebastián Borensztein y galardonada con el premio Goya en 2011). Me causaba mucha gracia mi personaje, un hombre que refunfuñaba, protestaba todo el tiempo, enojado con todos. Cuando tenés que hacer un personaje que te causa gracia es más divertido el trabajo. Con otro tipo de personajes, que son entristecidos u oscuros, no te divertís tanto. Yo me divierto más cuando un personaje te genera cierto humor.

- Entonces, ¿te gusta más la comedia?

- Sí, la comedia me gusta mucho. Y creo que es lo mas difícil de hacer, aunque mucha gente cree que es el drama. Para hacer las cosas bien creo que la comedia es más difícil.

- ¿Alguna película te dejó una enseñanza? ¿Cuál?

- Como el oficio de actor se trata, precisamente, de que por un rato jugás a ser otra persona, todas te dejan una enseñanza. Si te toca hacer de médico, jugás a ser un médico; si te toca ser un abogado, jugás a ser un abogado. Pero primero tenés que informarte, aprender algo de lo que hace un médico, de lo que hace un abogado para que tu papel resulte lo más creíble posible. Entonces aprendés mucho sobre los distintos personajes que te toca interpretar. En la que aprendí mucho, y que también me impactó mucho, es Elefante blanco (dirigida por Pablo Trapero y que se estrenó este jueves en Buenos Aires). Se filmó en tres villas (Ciudad Oculta, Villa 31 y Rodrigo Bueno, todas de la Capital Federal). Tuve la oportunidad de estar bastante tiempo, tres meses o un poco más, en contacto con la gente de esos barrios carenciados, y encontré gente fantástica, muy simpática, amable, generosa. Aprendí un montón de cosas de sus vidas, de lo que le pasa a ellos todos los días. De ahí salí con un gran aprendizaje.

- ¿Y la qué estás filmando ahora?

- Es un policial de suspenso, que empezamos hace poco. Tiene algunas escenas fuertes. Me toca hacer de un profesor de la Facultad de Derecho, pero que también actúa como si fuera un detective para tratar de esclarecer un homicidio. Hoy estamos filmando una escena donde entro a esta confitería porque me parece tener una pista sobre quién puede ser el autor de ese asesinato.